martes, 18 de septiembre de 2012

Una reflexión algo light, pero no tenía muchas calorías para compartir

Salmo 100(99),1-2.3.4.5.

Salmo de acción de gracias.
Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.
Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entren por sus puertas dando gracias,
entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre.
¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.
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Sentí tanta paz al leer esto... es algo muy hermoso, ser de alguien, pertenecerle por completo. Porque en mi experiencia como mamá y esposa (y también como amiga, por qué no), me he dado cuenta de que sólo nos sentimos completos cuando sabemos que somos de otra persona. Que esa persona nos puede llamar y requerirnos que estemos a su lado cuando nos necesita. Pero también ser de alguien, entregarte a alguien por completo, implica que esa persona también es tuya, porque el amor siempre es recíproco. Ser de alguien, pertenecerle, es algo que sólo puede darse cuando el otro también es tuyo. Para que le des tu vida entera y él te dé la suya, para que lo necesites y te necesite, y compartan la vida juntos.
Es tan triste cuando nadie nos necesita... cuando el teléfono no suena por nosotros, cuando a nadie le importa nuestra opinión, cuando no podemos rezar por nadie porque estamos solos. Es algo trágico no tener a nadie a quien amar y que te ame. Creo que la soledad es el peor de los males, es peor que la enfermedad, peor que la tristeza o el dolor. Porque la enfermedad y la tristeza son cruces que se hacen más livianas cuando los que nos aman nos ayudan a cargarlas. Pero la soledad es una cruz individual, y si la sufrimos en esta vida, se hace muy difícil de sobrellevarla. Aunque, para el que tiene fe en Dios, y se reconoce su criatura, y sabe que le pertenece, la soledad no es posible.
Dios siempre está ahí para el que lo necesita. Y el que por la fe se sabe suyo, puede entonces sentir una profunda e inmensa alegría. Tal vez no completa, porque necesita a un otro humano que le ponga un rostro concreto a Cristo, pero siempre puede tener fe en Él y seguir rezando para que en su camino se cruce otra persona como él o ella.

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